Estamos renovándonos, esperanos...

CUANDO SE PARTIERON LAS NARANJAS

ELLA

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De pequeña le gustaba bailar, girar y girar al ritmo de sus propios sueños, quería ser bailarina, cantante o cualquier cosa que la hiciera feliz porque en ese momento no tenía limitaciones, tal vez ser piloto aviador, una gran matemática, un hada con polvos de colores o salvar el mundo...

 

Todo era posible, la ventaja de ser pequeña es que la realidad y la fantasía están separadas por una línea tan delgada que prácticamente se vuelve inexistente, hasta ese momento nadie la había condicionado a amansarse con alguna sentencia asociada al hecho de ser mujer.

 

 

Empero con el tiempo las instrucciones de vida se tornaron más claras y todo el ambiente le perfeccionaba con un objetivo primario: Te casarás, tendrás hijos y un marido próspero que te mantenga, serás feliz cuando eso suceda no antes, porque las mujeres son solo la mitad de algo y se convierten en un alguien cuando ese apuesto príncipe aparece. Para lograrlo, solo tienes que ser como una linda princesita y comportarte: cerrar las piernas, comer con la boca cerrada, decir lo correcto, acicalarte y resaltar tus atributos adecuadamente. 

http://omnia.ddns.me:9100/antropologia/culturas-y-religiones/la-mitologia-nos-explica-porque-buscamos-nuestra-media-naranja/

Ser vista y deseada para poder subsistir es tu prioridad porque solo hay un objetivo: que un “él” te acompañe, te cuide y te sostenga para vivir felices por siempre.

 

Y así esa pequeña antes soñadora se fue difuminando, al igual que la pintura en las paredes se va carcomiendo con la intemperie y el paso del tiempo.

 

Las ganas de volar muy alto, de salvar el mundo o de simplemente ser cuando la domesticación le hizo efecto, también se esfumaron.

 

 

Ella en su inocencia y por amor al sistema, acepto convertirse en una media naranja.

ÉL

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Le gustaba oler las flores, encontraba felicidad en cosas tan sencillas como aguantar la respiración debajo del agua o en observar los árboles crecer, la lluvia y el viento le causaban cosquillas y cuando se asustaba lloraba.

 

Pero los hombres no lloran, no huelen las flores ni hacen esas cosas de mujeres.

 

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